De un guion de rol a 12 novelas en dos años: El precio del aprendizaje

Han pasado dos años y 12 novelas desde que decidí empezar a escribir. Esta es la cruda realidad sobre la autopublicación, las madrugadas y la reescritura de mi primer libro.

DIARIO DE AUTOR

6/12/20265 min leer

Han pasado dos años. Dos años desde que me di cuenta de que necesitaba contar historias. De que necesitaba hacerlas realidad y dejarlas escritas en un libro.

«Libro». Una palabra que hace dos años era impensable verla desde el punto de vista de un escritor. Siempre me pareció algo fuera de mi alcance. Todo empezó como un guion para una partida de rol. Fui creando razas, luego sus historias, y empecé a liarme más, y más, y más, hasta que el guion pronto tuvo 80 páginas. Fue allí cuando me detuve y pensé que quizás eso podía ser algo más grande. Algo que hasta ese momento de mi vida ni siquiera me había planteado: una novela.

A partir de ese momento, no paré de escribir.

Lo empecé como una crónica y, poco a poco, aprendiendo, fue derivando hacia algo más personal. Una aventura más íntima, con más foco en los personajes. Pero no me detuve. Continué escribiendo hasta llegar a hacer lo que en su momento eran los tres primeros libros de Crónicas Ankhatu. Pero claro, ni mi historia ni mi forma de escribir eran las mismas cuando empecé que cuando terminé el tercer libro.

Luego empezó la odisea. Corrigiendo, aprendiendo a maquetar para poder autopublicarme porque, claro, ni podía (ni puedo) permitirme un corrector, por desgracia. Ni puedo permitirme a alguien que lo maquete. Aquí empezó mi primer gran dolor de cabeza. Corregir… Y cuando esto terminó, muchas, muchas horas más tarde, empezó otro. Publicarlo y maquetarlo para que sitios como Amazon acepten los márgenes. Otro maldito dolor de muelas.

Cuando superé esto, empecé con las portadas y todo lo demás. Imprimí una prueba, lo releí por décima vez (quizás más) y ahora en papel le encontré más errores. Os podéis imaginar mi estado mental. Ya os lo digo yo: desquiciado.

Pero la cuestión es que ya había llegado a un punto en el que no había opción a rendirse. Más bien todo lo contrario. Aunque no negaré que cada vez que me enfrento a la corrección y la maquetación me entran dolores hasta en las cejas, la verdad es que despertó algo en mí. Algo que siempre había estado ahí pero que nunca supe aprovechar.

Así que, mientras publicaba el primer libro y corregía lo demás, no me detuve. Continué escribiendo. Siempre era mi prioridad: escribir más y aprender de mis errores, que no eran precisamente pocos. Fui escribiendo sin parar, cualquier rato libre lo ocupaba escribiendo, investigando, preparando. Ya fuera mañana, tarde o noche. Pero sobre todo noches. Me he quitado horas de dormir enfrascado, tan metido en las historias que aunque quisiera irme a la cama no podía dormir.

Como decía, cuando terminé el tercer libro de Crónicas Ankhatu, decidí darle un respiro a la historia. Tenía muchas ideas. Empecé a escribir La leyenda de estrella dorada, unas novelas ligeras, con mucho humor, basadas en parte en lo que hacíamos con los amigos en las partidas de rol. Empecé a alternar entre estilos y novelas distintas; despertó en mí la curiosidad de experimentar con temas totalmente ajenos.

Empecé entonces una trilogía romántica-thriller con aires de ciencia ficción cercana. Estos los escribí de golpe, incapaz de tomar espacio entre un tomo y otro. Para mí ni siquiera eran tres tomos, era un solo bloque enorme pensado para separarlo en dos, máximo tres partes. Así acabó siendo. Y esta obra, cuando la terminé, me rompió algo dentro. Fue como cuando uno está muchos años mirando una serie y esta llega a su fin. Me hizo dudar, y mucho, sobre si sabía escribir este tipo de novela o no. Así que, temeroso, se lo dejé a mis lectoras beta de guardia. Y para mi sorpresa, les encantó.

Continué escribiendo La estrella dorada, y luego empecé otra historia nueva: Legado Carmesí. Así hasta llegar a escribir 12 novelas. La última fue precisamente Legado Carmesí II.

Y todo esto ocurría mientras veía cómo mi primera novela caía en el olvido de las estanterías digitales de Amazon, con pocas unidades vendidas.

Así que la retomé, y ahora, 2 años más tarde, me di cuenta de algo que me había tomado mucho tiempo aprender. Crónicas Ankhatu era demasiado crónica, y al lector que no fuera de novela bélica le resultaba todo demasiado ajeno. Pero, ¿cómo iba a volver a escribir mi primera novela? Me parecía un riesgo, pero también lo sentía como algo necesario. Esa historia me pedía más, mucho más. No podía permitir que una historia como la de los Ankhatu cayese en el olvido. No podía rendirme después de todo lo que he sacrificado y luchado, ni después de tantas horas invertidas. ¿Cómo iba a dejar morir mi primera novela?

Es cierto, no me dediqué a las redes lo suficiente. Lo reconozco, no son lo mío. No es que no sepa hacer tonterías ni que no tenga ideas, las tengo, pero me produce cierto rechazo la esclavitud que implican. Pero claro, si quiero conseguir llegar a la gente, no me queda más alternativa, al menos si autopublico.

Por eso esta vez decidí intentar lograr otra forma de llegar a los lectores: a través de representantes literarios y editoriales. Ciertos proyectos los he presentado allí. Quiero llegar a los lectores y ahora sé que tengo buenas obras. Así que, con estos proyectos a la espera de tener una respuesta, llegó el momento de la verdad. El momento de enfrentarse a lo que no quería.

Reescribir Crónicas Ankhatu: Origen.

Y eso hice. Este ha sido mi último proyecto. Pronto me di cuenta de la envergadura: lo que en la primera versión fueron apenas 8 capítulos de pocas palabras, se transformaron en 90.000 palabras. O para que nos entendamos, una novela entera. Así que Origen, de pronto más vivo, más lleno y más expandido, se está convirtiendo en más de un tomo.

Ahora me encuentro reescribiendo lo siguiente de Origen. No sé cuánto me llevará, pero no me detendré. Por eso he estado tan callado este tiempo, porque todo lo invertía en escribir. Ahora me he detenido por primera vez en estos dos años para invertir algo de tiempo en las redes. Aprendí a hacer webs y he mejorado la mía. Ahora da gusto verla, aunque aún le voy metiendo material, pues lleva tiempo.

Y también es el momento de intentar ser más constante en las redes.No prometo convertirme en alguien que no soy. No voy a fingir que me gusta esa esclavitud de publicar por publicar. No voy a cambiar escritura por ruido. Pero sí quiero estar más presente. Quiero contar mejor este viaje. Compartir lo que estoy haciendo. Enseñar el proceso, las dudas, los avances y las pequeñas victorias.

Porque durante estos dos años no he estado ausente.

He estado escribiendo.

He estado aprendiendo.

He estado peleando con mis límites, con mis errores, con mis miedos y con esa voz que a veces te pregunta quién te crees que eres para escribir un libro.

Y después de doce novelas, de noches sin dormir, de correcciones interminables, de pruebas impresas llenas de errores, de portadas, maquetaciones, dudas, silencios y comienzos nuevos, creo que por fin tengo una respuesta.

Soy alguien que no se ha detenido.

Y no pienso hacerlo ahora.Así que acompáñame en este viaje.

Déjame enseñarte mis mundos. Déjame abrirte sus puertas, sus ruinas, sus desiertos y sus noches. Permite que sus personajes te tomen de la mano y te lleven lejos de donde estás ahora, aunque solo sea durante unas páginas.

Porque estos mundos nacieron para eso.

Para ser cruzados.

Para ser vividos.

Para que alguien, al otro lado, los encuentre.

Bienvenido.